7.2.07

El infiltrado


De lo particular a lo universal, decían nuestros profesores de filosofía, que decían los filósofos... Ventilarse todos los filósofos de ayer y de hoy. De carretilla y con un solo libro (“de texto”, decíamos). Sin un dibujito, ni una foto, ni un esquema y con los márgenes más estrechos que una que yo me sé. Eso es una experiencia de las que crean impronta. Pasó en Preu (Preuniversitario, para mis jóvenes lectoras). Luego, cada vez que intentaba leerme Ulises, de James Joyce, y moría en el intento, agarraba el libraco en cuestión (el de filosofía), y su contundencia, en el continente y en el contenido, acaba por enternecerme.
De lo particular a lo universal, debe ser eso. Será eso. Para ilustrarlo, dispongo de la anécdota pertinente: Una de estas noches de enero soñaba yo que asesinaba al vecino con el que, justo tres días antes había coincidido en el ascensor. Mea culpa. Porque, confesémoslo de una vez, tampoco es que el que suscribe mande demasiado en los asuntos del subconsciente (el infiltrado). Ejemplo: A los aliados, en la invasión de Europa, les ocurría algo parecido. Los ingleses bombardeaban las ciudades alemanas de día, los norteamericanos de noche. Nada raro que no quedara una casa de pie. Pues a mí me ocurre otro tanto: el consciente me bombardea de día y el subconsciente de noche. Y nunca se ponen de acuerdo. Y mejor no hablemos de las consecuencias. ¡Vaya cabrón el tal Freud!
La mañana siguiente a la noche del sueño era la ideal para levantarme tarde y llamar al curro notificando un ataque agudo de lumbalgia, pero no hubo manera. En lugar de eso, prevaleció la disciplina (doctrina) laboral. Puestas así las cosas, mientras me arrastraba hasta el parking, y en una burda asociación de ideas, recordé al infiltrado de Reservoir dogs, el señor Naranja, y me puse a reír. Toda la película desangrándose. Cuándo más agonizaba más le disparaban y más agonizaba el tío, pero aún así no acababa de morirse nunca. Como mi vecino en el sueño.
La noche del crimen me desperté a las cuatro con una fuerte opresión en el pecho. Tardé unos segundos en cerciorarme de que lo del asesinato (por cierto, por estrangulamiento) era ficción, aunque no sé si ciencia. Seguramente fueron los vecinos de arriba quienes me despertaron. A horas inhóspitas se ponen a mover los muebles o bien el chiquillo se pone a echar a rodar unas bolitas sobre las baldosas del suelo. Lo de los muebles aún lo aguanto, lo de las bolitas no. En ese justo momento me di cuenta de dos cosas. Primero, que mis impulsos oníricos de derivación homicida eran sobradamente justificados. Segundo, que me había equivocado de víctima. Estrangulé al padre en lugar del hijo. En vista del fiasco, me tomé dos pastillas para dormir y me puse a pasear a lo largo y ancho del reducido itinerario del piso. Finalmente, me puse a hojear un libro de Anaïs Nin y me puse caliente. Y todo un poco, las pastillas, el paseo y la matraca de Anaïs, me aliviaron el insomnio y la culpabilidad. Ya sé que parece raro pero fue así. De verdad.
Quentin Tarantino: Reservoir Dogs, EEUU, 1992. 99 min. Guión: Quentin Tarantino. Fotografía: Andrzej Sekula. Mejor Película en el Festival de Sundance (1992). Harvey Keitel (Señor Blanco), Michael Madsen (Señor Rubio), Tim Roth (Señor Naranja), Steve Buscemi (Señor Rosa), Quentin Tarantino (Señor Marrón), Chris Penn (Eddie el amable), Lawrence Tierney (Joe), Eddie (Señor Azul).

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2 comentarios:

Anonymous Popaul ha dicho...

Es verdad: qué mal trago para el infiltrado de "Reservoir Dogs". No lo pensé durante la visión de la nueva "Infiltrados".
Te entiendo perfectamente. Juraría que el otro día estaban patinando un par de pisos más arriba, y era para ponerse de los nervios. Suerte que no estaba soñando, ni tenía nadie cerca.

9:05 p. m.  
Blogger Cronopio ha dicho...

La verdad... ¡Me han entrado ganas de "revisionar" una vez más RESERVOIR DOGS! Junto a PULP FICTION, las dos grandes (y únicas)obras maestras de Tarantino. El resto de su filmografía, según mi opinión, es MENOS de lo mismo, sin llegar siquiera a la categoría de secuelas. ¡Voy a ello!

7:52 a. m.  

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