18.1.07

Cuéntame el mar, Madeleine


Mario Mingo, portavoz del PP asegura que su partido “jamás defenderá la eutanasia”. “Lo primero que hay que defender es la vida y luego la libertad”. Por otra parte, un PSOE a la defensiva garantiza que no debatirá el tema de la eutanasia en el Congreso durante esta legislatura.
No sé que me cabrea más, si la eterna hipocresía y mezquindad de los de misa, los enemigos de la inteligencia (y no digamos de la humanidad), o la imperdonable cobardía de la supuesta izquierda que nos gobierna.
Si los días fueran menos cortos y las tardes no se colaran, escurridizas, por el agujero de su propia y oscura tristeza, todo sería más llevadero. Habrá que esperar la primavera y cruzar los dedos.
Sea como fuere, Madeleine Z. ha decidido no esperar más y ha ejercido la libertad de morir con dignidad. Padecía de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad progresivamente paralizante y mortal, en la que los músculos se debilitan hasta la parada respiratoria, por atonía del diafragma.
Cuenta Ana Alfageme, en un acertado y emotivo artículo: “En algún restaurante, compartiendo vino y caracoles, Madeleine se topó con un Georges Brassens malhablado, davidoso y borrachín. El cantautor le daba sus poemas para que los vendiese puerta a puerta por los distritos ricos de París. Les contaba a las sirvientas que eran canciones de amor, y los compraban. Ella se llevaba un porcentaje.”
La periodista acaba así su artículo del 18 de enero sobre Madeleine:
“Su horizonte, la cama, la televisión, libros en francés con las hojas amarillas, una amiga que le sube el periódico, la limpiadora una vez a la semana, tres mapas del mundo de los lugares a los que quiso viajar y el mar detrás de la cristalera. El Mediterráneo, que escrutaba todos los días desde hacía 40 años. ‘Cuéntame el mar, Madeleine’, le pedía por teléfono su amigo César, también enfermo de ELA, desde su pensión sin ventanas, atado a una cama, ‘cuéntame el mar’.
Y Madeleine comenzaba, suavemente: Cuando se va el sol la luz es un a maravilla. Hoy está tranquilo, no hay olas, como me gusta a mí; lo prefiero enfadado. Hoy no veo Tabarca, hay un barco grande, un congelador italiano… Sí, yo conozco mi mar a fondo”.
Ana Alfageme: “Mi libertad es morir con dignidad”, EL PAÍS, jueves 18 de enero de 2007, Páginas 34 y 35
Asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) es una asociación sin ánimo de lucro, cuyo principal objetivo es el de defender el respeto a la voluntad expresa y libre de toda persona en la fase final de su vida, particularmente en lo que concierne a su terminación.
Sus objetivos son promover el derecho de toda persona a disponer con libertad de su cuerpo y de su vida, y a elegir libre y legalmente el momento y los medios para finalizarla, así como defender, de modo especial, el derecho de los enfermos terminales a, llegado el momento, morir pacíficamente y sin sufrimientos, si éste es su deseo expreso.
DMD: Avinguda Portal de l’’Angel, 7 4t. B. Teléfono: 93 412 32 03. Correo:
admd@redestb.es. Web: http://personal2.redestb.es/admd/
En la foto: Madeleine en agosto de 1961

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