2.11.08

Los almacenes "El Águila"

Ahora no lo sabes, porque así son las reglas de este juego, pero cuando seas mayor te será poco menos que imposible objetivar estos días que caen de sus cimas como hojas de un calendario gigante. Y olvidarás muchas de las cosas que ahora te parecen poco menos que fundamentales. Quizás no recuerdes esta profusión de colores de las bombillas que contornean el edificio de los Almacenes “El Águila” (edificio singular donde los halla), que ahora vives asociado indefinidamente a las Navidades y a la Barcelona incipiente de estos años de niñez irredenta y llena de vacíos de 1962.
Ahora no sabes que muchas cosas de las que sientes, incluso esta intensa y extraña felicidad que te embarga cuando piensas en la inminente llegada de los Reyes Magos, ya en el mismo momento en que la estás experimentando, con el tiempo parecerá que lo estás viviendo exclusivamente para el recuerdo.
Por supuesto, sobreviviste a tu infancia gracias, entre otras cosas, a la merienda, al Biscuter de tu padre y a los Almacenes “El Águila”. Y, no seamos injustos, también al Rey Mago que se asomaba por Navidades a la balaustrada de la tribuna exterior del bazar “El Sepu”. Ahora mismo, cuando justo estás pensando, mientras se te cae la baba mirándolo allí arriba, que el pobre se debe estar muriendo de frío.
Son los tiempos anteriores a la llegada de “El Corte Inglés”, y junto con Almacenes Capitolio, Almacenes Jorba y Almacenes El Siglo, los grandes centros comerciales por excelencia. También ignoras que un pavoroso incendio destruirá los Almacenes por completo. Y con ellos tu admirada Águila.
“Los recuerdos, cuando son lejanos, se asemejan a la imaginación, parecen un sueño.” Escribió Antonio Tabucchi en “El ángel negro”. Cuando, en el futuro, recuerdes el pedazo de señora águila que encumbraba, señorial, el edificio, seguro que tu memoria le otorgará, esta vez con total justicia, la majestuosidad que siempre tuvo, aunque los peatones del franquismo, los hijos de los vencidos, de los sobrevivientes estuvieran demasiado abajo como para divisarla en su verdadero y real esplendor.

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