30.6.07

Barras y estrellas

Mi niñez fue, básicamente, una niñez de barras y estrellas. Los americanos sólo eran doce, como los apóstoles. ¡Pero vaya doce! Uno, con sus flamantes prismáticos, inspeccionaba los movimientos del enemigo; el otro, rodilla en tierra, apuntaba con su fusil automático hacia las posiciones enemigas; el tercero se mantenía en disposición vigilante, con la culata de su fusil ametrallador acoplado en la ingle y el pie derecho apoyado en un pedazo de roca; el cuarto tenía las piernas bien separadas y blandía un soberbio bazooka contra el que poco podían hacer las enclenques y desvencijadas tanquetas japonesas; el quinto sostenía por encima de su cabeza una granada de mano, de esas con aspecto de una piña tropical, a punto de ser lanzada sobre el nido de ametralladoras enemigo; el sexto era el zapador del grupo: sobre su espalda cargaba una abultada mochila de la que sobresalía una pala. Y así hasta doce. Eran los doce soldados de goma que me trajeron los Reyes Magos. Y también me facilitaron material pesado: un tanque, un mortero, un cañón...

Sus doce oponentes eran japoneses. A los japoneses, unos tipos bajitos y terriblemente fanáticos, Johnny Comando y Gorila, los héroes de los tebeos de “cubierta roja” de las Hazañas Bélicas (que más bien parecían panfletos racistas) los llamaban macacos, monos amarillos, nipones, enanos y otras lindezas por el estilo. Y, por supuesto, los macacos caían como moscas (a docena la descarga) bajo las ráfagas de la metralleta de Johnny Comando. De esta forma verdaderamente impresentable afronté mi adolescencia.

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2 comentarios:

Anonymous Popaul ha dicho...

Tú y un millón más.
Aunque había quien hacía lecturas críticas. Como mi amigo José, que era quien me dejaba las "Hazañas Bélicas", y así lo dejaba de bien escrito por casi todas las páginas:
-"¡Trola! Porque los cañones no apuntaban hacia allá.
- "¡Trola!" A esta distancia no hay precisión.
- Etc...
¿Cómo decidías quién mataba a quién?

9:17 p. m.  
Blogger Cronopio ha dicho...

Siempre ha habido genios, es verdad, Gustavines o sencillamente gente aguda para esa edad. Lo mío, sin embargo, era tragar. Aunque también tenía mi corazoncito: me gustaban más los “Hazañas” de color azul, porque introducían el drama humano en el contexto del conflicto bélico, un modelo clásico donde los haya pero muy efectivo, y si no qué es “Hiroshima mon amour” ese monstruo de película sino la intersección perfecta del drama personal y el colectivo...
Por cierto, en mi caso (vergonzante) no había color: siempre ganaban los buenos. O sease, los yankees mataban a los “japos”...

9:05 a. m.  

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