28.6.07

Más muertos que vivos


Me ducho con la noticia “bomba” de que ETA ha roto la tregua (?) y cuando abro el correo electrónico me encuentro con los consabidos sarcasmos sobre Aznar y sus efebos. También es cierto que cuando visito territorios de derechas pasa lo mismo con Z.P., Blanco y sus secuaces. Visto desde una perspectiva estrictamente personal, es decir, siguiendo mis inclinaciones más irrenunciables, contemplo esta Contrarreforma Conservadora con estupor y algo de miedo. Y digo conservador en el peor y más despreciable de los sentidos. Y seré muy concreto y sólo constataré una “minucia” recientemente constatada: Conservador hoy y aquí, por ejemplo, y para utilizar una expresión, digamos, “elegante” es renegar con asco, de los maricones, lesbianas y homosexuales en general.
En estas condiciones, es decir, bajo el chorro de agua caliente, me pillan con lo puesto. O sea: completamente desarmado. Como si me dijeran que servios y croatas han organizado un partido de fútbol en Navidad. O lo que viene a ser lo mismo, que a esta hora el mundo aún está demasiado lejos. Claro que siempre acabo preguntándome qué lejos ha de estar “el mundo” para que deje de sentirme responsable. Aunque sería mejor decir sucio. Y no es moralina de baja estofa, tan propia de la clase media, de la que habla Sabina. No, no es exactamente eso. Se trata más bien de una sensación más próxima a lo físico, ahora que sólo tengo noticias del desastre por los mass media. Puede que esté -el mundo-, me respondo sin ninguna convicción, en el "Buenos días" del quiosquero, en el gruñido ininteligible del vigilante del parking o en el gesto del colega de turno de la oficina, todos ellos más muertos que vivos, es decir, más bien dormidos.
No me pregunten por qué
, pero siempre recalo en el baño acompañado de mi gato, único ser vivo que me es fiel a esta hora tan intempestiva, y a cualquier otra. Esta costumbre no crean que responde a ninguna pretensión de estar informado respecto a las fluctuaciones de la bolsa o de las competiciones internacionales de fútbol o básquet; ni siquiera responde a ese cierto afán morboso que tanto nos caracteriza a los humanos, esa aspiración de saber si se ha derrumbado algún edificio por explosión de gas, y cuántos heridos y muertos y todo eso; ni siquiera responde a esa inclinación meteorológica que me lleva a averiguar por donde ha salido el sol, si en Irak o en la Franja de Gaza. No, tampoco pretendo averiguar exactamente qué temperatura tienen en Segovia.

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