28.6.07

Passivityman


Passivityman está echado una cabezada, que es su reacción habitual al estrés, cuando suena la alarma.
- Iré a mirarlo luego, jefe – murmura.
- Irás a mirarlo ahora por favor –le dice su novia y superior, la bella princesa Prudence-. Ponte esos mugrientos pantalones de pana y ve a ver.
- ¡Jo! ¿Tan urgente es? –pregunta él.
- ¿No lo entiendes? ¡Te lo vengo advirtiendo, episodio tras episodio! –dice ella-. Y ahora, desde su superequipada casa en la Luna, el capitán Corporation ha estrechado su red del Mal alrededor del planeta Tierra, ¡y lo está sacando de su órbita! Las decisiones del Congreso de los estados Unidos se toman desde la industria farmacéutica, el Estado de Israel lo dirigen integristas cristianos, la gente que transporta residuos tóxicos fabrica pienso para ganado y procesa hamburguesas, las fuentes de noticias y de información las edita un ratón gigante, la ciudad de Nueva York y el fundamentalismo cristiano son holdings de una familia kuwaití: ¡y todo esto es propiedad del capitán Corportation!

Passivityman se frota los ojos y bosteza.
- Vale, Pru, jolín... Pero, a ver, ¿qué se supone que debo hacer, eh?
- ¡Yo qué sé! –dice la princesa Prudence-. No me corresponde a mí averiguarlo, me parece. Aquí, el superhéroe eres tú. No sé..., por ejemplo, ¡sal y haz algo que carezca a todas luces de valor monetario! Inventa un blandy blub fétido y a prueba de lucro. Qué sé yo, cualquier cosa. Pero más vale que hagas algo, ¿entiendes?, antes de que sea demasiado tarde.
- Por lo que parece, ya es superdemasiado tarde- dice Passivityman, cogiendo un cigarrillo.
Deborah Eisenberg: El ocaso de los superhéroes, Leator, Barcelona York, 2006

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