25.2.08

¿Eres tú John Wayne?


"Qué momia late y qué momia decora"
Afirmaste, querido poeta-payaso-sin-vergüenza, que “en un soneto el muerto cabe” y yo me lo creí. ¿Cómo no hacerlo, creerte a pies puntillas? Dímelo tú, que tanto sabes, si apareciste de pronto, de la nada, o de la nada de las nadas (¿o eran hadas?) armado como ibas con ese arsenal de poesía con la que, de seguro, no ganaremos ninguna guerra, ni siquiera batalla o refriega, ni falta que nos hace, a(ni)mado con tu máscara de Hada del tiempo y con la calavera de Yorik en ristre, descarnada, desnuda y silenciosa, en la meseta inhóspita de tu mano derecha, mientras tu culo se sentaba en una silla con sus cuatro patas en la famosísima Aula de los Escritores del Ateneo de Barcelona. Y soltaste, sin más:
"Dime, Yorik, de quién la calavera,
Revélame si hay vida tras la aurora,
Qué momia late y qué momia decora
El verso hasta tener la estrofa entera"
Y, para más INRI, osado esperpentaculista, con tu sorna de emigrante perpetuo ante las momias que decoran, con tu humorismo de mago burlesco, enemigo de las mentiras y la sabiduría reglada, pusiste en cuestión todo (¿o era nada?) “lo que el alumno sabe”. Para ello, te sacaste de la manga tu prehistórico sombrero de graduado y pusiste en solfa, impío como eres, la cordura, criterio y discernimiento de lo que queda del maestro, la filfa de su rostro sin carne ni pelos, que colocaste cuidadosamente sobre el estrado del Aula, no fuera que le diera por explicarnos la teoría cuántica de la realidad, o alguna disertación sobre el gran William Shakespeare, mientras nosotros contemplábamos como pasaban nuestras horas de cianuro y soledad idiota. Y no satisfecho todavía de nuestro mutismo expectante, acabaste con lo que quedaba de tu buena reputación, y en un grotesco contrafactum poético, tu voz se mudó por la más real y verosímil de un beodo o borracho parlanchín, inmigrante de la cordura, invitándote con tu mejor descaro y gran pachorra a otra ronda de un buen güisqui con soga. Y otro. Y otro, mientras te(nos) preguntaste:
"Será verdad que el tiempo es el mejor maestro,
El que raya con yeso encerados del alma,
El que instala en el orden el caos de ir por casa
El que premia o castiga por afuera o por dentro"
Y aquí no acabó todo. Nos dejaste de un capotazo, tendidos en la arena de la espera eterna, también a nosotros, que tan amablemente habíamos consentido en ser tus espectadores un infame lunes de febrero, rígidos y descarnados posando con nuestros futuros rostros puede que ya abandonados por el mundo, incluso por los gusanos. Sí, no te atrevas a negarlo: en un Tris Tras, tú, maldito poeta bufón (¿Eres tú John Wayne?) abandonaste tu sombrero vaquero en la gran bolsa del rincón y lo mudaste por una montera de torero y unas gafas de turista neocelandés, para acabar descolgándote en una insólita Todomaquia nadaísta que acabó con las pocas fuerzas que les restaban a nuestros maltratados ojos, y no digo oídos.

Y ya puestos, y enervados, ya no digo presuntos implicados, sino más que eso, cómplices como un camorrista siciliano en apuros, estallamos en un clamor de exaltación p(o)at(é)tica, coreando al unísono:
qué regalado paladar de flores, de gracias, de nada
Para, finalmente, en un acto sumamente dadaísta, romper a llorar por la inminente pérdida de tu alma impía, pobre Charlie, el más famoso payaso sin vergüenza del universo conocido y por conocer, desolado esperpentaculista en la inmensa soledad de tu definitivo contrafactum poético, con tu penoso currículum risae a cuestas, uniéndote, de tal guisa, al duelo jovial e histriónico de un público más loco que cuerdo, que ya no sabía ni lo que decía cuando se lamentaba por la desgracia del todedo:
"Si es que lloro por nada, rumian, al alimón todero y todo.
Si es que lloro por todo: última corrida en que ya somos nada.
Plaza de todos. Hoy la terna: nadillo, naduelo y el Nada
Seis todos, seis, los que al salir del chiquero lo embisten todo.
Nadillo, pesa el calzoncillo. Naduelo se encomienda a todo
Santo que en el albero invoca. No se ahoga El Nada por nada."
A cuento del Esperpentáculo poético de Juan Carlos Elijas, en ocasión de la presentación de su espléndido libro de poemas Talking heads, el pasado lunes, 11 de febrero, a las 19,30 horas, en el Aula dels Escriptors del Ateneo de Barcelona. Y pobres de aquellos que no asistieron.

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