15.2.08

Los cráneos parlantes de Charlie





Mientras se agotaban las entradas para el Palau de la Música (Locomotora Negra) y, también en el Palau, para ver a Serrat ¡En febrero del 2009!, con todos mis respetos dejé en paz tanta histeria mediática y en un lunes pantanoso, de los de no ir a ninguna parte, ni quedar con nadie ni para nada, porque la semana todavía se alzaba amenazante con toda su artillería pesada intacta, me aventuré a coger el metro a esa hora infame de las siete y media, y desde la plaza Urquinaona efectué un breve y frío paseo hasta el Ateneo de Barcelona, donde mi amigo virtual Juan Carlos Elijas estaba perpetrando su Esperpentáculo poético en ocasión de la presentación del libro de poemas Talking head”. Aunque, pobre de mí, en ese momento no podía imaginarme lo que me esperaba. Allí, en el vestíbulo de una de sus pequeñas salas me encontré con Charlie posando para los fotógrafos.
Juan Carlos Elijas es uno de esos especimenes que te salva un lunes en un Tris Tras. Un poeta-músico, un PAYASO SIN VERGÜENZA al que, francamente, me encantaría ver algún día compartir recital con tipos de la “calaña” de Enric Casassas y Xavier Sabater, los últimos vestigios de lo que un día se llamó poesía contracultural, undeground o como diablos queramos llamarlo.
J.C. Elijas re-presentaba su libro de poemas Talking head, en formato oral, aunque sería más exacto decir que re-presentó cada uno de los cinco poemas elegidos, ayudándose apenas con la calavera de Yorik, un tricornio de plástico, una montera de torero, una cofia de balsero y unas gafas de turista holandés. En el marco de su apuesta por el clasicismo del soneto (“la estrofa no es una obligación sino un equilibrio”, dijo) este entrañable payaso sin vergüenza hizo las delicias del respetable ayudado de sus cráneos (calaveras) parlantes y nos metió a todos en un “callejón poético” sin salida con su soberbio “contrafactum burlesco”, a lo Quevedo, auque también se reivindicó en Cervantes y, ¿por qué no?, en la madre que lo parió.
A mi, particularmente me gratificó la fusión entre la persona – Charlie – y el personaje que representó de forma brillante los cinco poemas elegidos, de los que ya hablaremos más adelante.

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