6.12.07

¿Y las navidades?

Y no tenga que soportar a los de siempre, multitud de individuos de traje gris claro sin nada especial que los distinga, una camisa blanca y una corbata a rayas, que se pasan una hora y media paseándose por mis sueños, como en un carrusel, esa especie de decorado cinematográfico, físico o/y humano: un pelotón de paisajes multiplicándose a sí mismos. Y de “extras” repitiendo los mismos movimientos. ¡Ni siquiera actores de reparto! Malditos jornaleros a tanto la hora. Como si el presupuesto para mis sueños fuera tan miserable como el de las infraestructuras de este pequeño país sumido, según sus capitanes, en el desánimo y la depresión. Y no tenga que soportar a tantos Smith apelotonados, apretujados otra hora y media en “mi” bar, el restaurante donde desayuno, y que me costó tantos esfuerzos encontrar. No crean que es tan fácil, hallar un establecimiento donde el ruido no supere los sesenta decibelios mínimo de confortabilidad y en el que, además, el fluido de información no sobrepase los ochocientos Mega bites… Y donde pueda “desgravar” mi natural desorden interno clasificando, ordenando y anotando en mi Superagenda para todo. Y donde pueda abrir un pequeño agujero negro de paz entre tanta falsa y hueca algarabía, tanto “ruido” evocando, por ejemplo, momentos realmente hermosos, como aquel en el que, de niño, me llevaban a la peluquería y Paco, el peluquero, entre su espléndido discurso y sus no menos interesantes epifanías, antes y después de cortarme el pelo, me daba unas cuantas vueltas en el sillón, provocando mi hilaridad, mi complacencia, mi felicidad.
Y no tenga que encontrármelos hasta en el interior del minibar de la habitación del hotel.
¿Y las navidades, como se presentan? Me preguntó mi dentista, mientras me endosaba un empaste por cien euros, un artita aquí donde lo ven, se sacó el Doctorado Honoris Causa gracias a mi maldita piorrea…¿Qué cómo se presentan? Le respondí de inmediato. Pues, mira: “procurando minimizar los daños al máximo”. Una respuesta no pensada, fruto, es cierto, de mi jerga profesional, que brotó a voz de pronto y que le hizo tanta gracia a mi “salvador” dental que no se lo anotó por pura vergüenza, aunque estoy seguro que lo grabó en el disco duro de su privilegiado cerebro y que lo usará más de una vez sin pedirme permiso. Ni falta que le hace. Como si quiere poner un anuncio por palabras. Se la regalo.
Enriqueta Llorca: Empaquetando
Miércoles, 30 de mayo de 2007
http://llorca-enriqueta.blogspot.com/

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2 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Arturo, fantásticos los dibujos de Enriqueta! y tus textos, por supuesto.

Por cierto, en mi fotoblog he puesto foto's del Berguedà acompañadas de textos de un poemario de tu querido amigo Brotons. En realidad, todos los textos son suyos. Queda perfecto, pues los poemas tratan de los orígenes. Las fotos no son muy buenas, pero me apetecía poner algo de mi tierra y textos en català.
Y no soy anonymus, soy Rosa, pero no conseguía publicar el comentario...

1:58 p. m.  
Blogger Cronopio ha dicho...

Fantástico, Rosa! Ese encuentro entre Rosa y Brotons merece una cita del Conde Lautréamont, que tanto inspiró a los surrealistas: “Bello como el encuentro fortuito entre una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de disección”

9:22 p. m.  

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