23.6.06

Enrique Vila-Matas: El viajero más lento


Con París no se acaba nunca y, en general, leyendo cualquiera de las exploraciones de Enrique Vila-Matas siempre llego a la misma conclusión: la de que el autor se lo pasa de muerte con su famosa literatura portátil. Que le encanta esa actividad de detective que le permite encontrar al asesino en los barrios bajos de las otras literaturas. También concluyo que el mejor Vila-Matas no es el novelista, sino el fisgón. Un fisgón con rango de deshollinador compulsivo que se ve impelido a moverse en las orillas de esos ríos que los mecanógrafos de la literatura suelen llamar novelas.
Porque es allí precisamente, en las fronteras del texto, donde se encuentra de todo, desde escritores suicidas hasta escritores que no escriben. Pero, sobre todo, y por encima de todo, relatos insobornables, textos que permiten (y que administran) la reflexión, la digresión, el descanso, la dificultad y la obligada relectura. Cualquier esfuerzo vale la pena siempre que se pueda evitar el triste espectáculo del amigo que, con una sonrisa de oreja a oreja, exclama entusiasmado: ¡Me lo he leído de un tirón!
Contrario a la perfección como fundamento, Vila-Matas está siempre dispuesto a acabar con los números redondos. Quizás sea por ello que a pesar de que la jerarquía literaria se empeñe en premiarle sus novelas él prefiera (quiero creerlo así) seguir deleitándonos con su proverbial diletantismo de coleccionista friki. De ahí su fervor por lo raro que tan bien queda reflejado en sus ensayos, breviarios, cuadernos, abreviaturas, diarios, notas o como queramos llamar a ese discurrir del viajero más lento.
Puede que uno de los motivos sea que así se siente más el otro que él mismo. Sea como fuere, confieso que es ésa precisamente la única forma con la que disfruto leyendo (y viajando). Lentamente. Como si nunca hubiera otro libro esperándome, otro museo que visitar, otra autopista que recorrer. Johnny Guitar era un poco así.

FRAGMENTO DE París no se acaba nunca, DE ENRIQUE VILA-MATAS:“Johnny Guitar, de Nicholas Ray, es la película que más veces he visto en mi vida. En cuanto la pasaban en París en alguna sesión golfa, allí estaba yo en la cola nocturna, dispuesto a ver aquella película por enésima vez. Me fascinaban sus diálogos sobre el amor y me encantaba la seguridad que emanaba de la fuerte personalidad del héroe. Pensaba que de haberle conocido en mi infancia, ésta habría sido muy distinta de lo que había sido. Me imaginaba a mí mismo durmiendo en mi cuarto de niño, alejado de cualquier terror nocturno, sabiendo que Johnny Guitar guardaba la casa. Me sabía de memoria todo lo que el héroe decía en la película, sobre todo los diálogos de amor, como aquel en el que Johnny (Sterling Hayden) le pregunta a Viena (Joan Crawford) a cuántos hombres ha amado y Viena le pregunta a Johnny a cuántas mujeres ha olvidado.”Enrique Vila-Matas: Historia abreviada de la literatura portátil (1985)
Enrique Vila-Matas: El viajero más lento (1992)
Enrique Vila-Matas: Para acabar con los números redondos (1997)
Enrique Vila-Matas: París no se acaba nunca (2003)

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3 comentarios:

Anonymous Popaul ha dicho...

¿Y hace literatura ahora, cuando habla del soponcio que le ha conducido a una clínica, o es que es verdad, y la única forma que tiene de superarlo es hacerlo salir en su dietario irregular?

8:14 p. m.  
Blogger Cronopio ha dicho...

¡Y tan irregular! Odio esas crónicas periodísticas en las que se suceden varios "sueltos" y que me temo que inventó la buenaza de la Maruja Torres (que Dios la tenga a buen recaudo). Cuando ví por primera vez al terrrrrrible Vila-Matas (su palindroma es Satam-aliv) me dije ¡acabáramos! Hasta caen los mejores. Los fusilaron de vulgaridad.

1:18 p. m.  
Blogger Cronopio ha dicho...

Déjenme hablarles del incorregible Enrique - Vila - Matas - Que - Te - Mato. Sí, el mismo que viste y calza. El viajero más lento, ese libro que tanto nos gustó, al menos a mí. y a unos cuantos que yo me sé. Por qué escribió Para acabar con los números redondos resulta obvio. ¿Será uno de esos majaretas que busca la cuadratura del círculo sólo por el puro placer de buscar? ¿Será casualidad que el palindroma de Vila Matas sea Satam Aliv? ¿Será por eso que últimamente nos lo presenten en las solapas de sus libros visiblemente desmejorado y ojeroso? ¿Qué hará este chico por las noches, aparte de irse a alguna que otra isla a sentarse ante la tumba de algún poeta maldito? Satam Aliv es, por otra parte, como sin duda ya lo saben ustedes, un fenomenal explorador de lo raro y oscuro.

8:23 a. m.  

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