16.4.09

¿Eres tú John Wayne? (y II)


“¿Eres tú John Wayne?” Esa es la pregunta que esperó inútilmente que le hicieran de niño. Ni siquiera le salvó del naufragio la penitencia de haber nacido el año de la famosa huelga de los tranvías y, por si quedaban dudas, en el seno de una familia más pobre que las ratas. Una familia pobre, sin el orgullo del derrotado ni la habilidad del buscavidas. Una familia de “productores”, como los llamaba entonces el franquismo, que derrochó ímprobos esfuerzos para combatir el escarnio de su condición fortificándose en una desmesurada obsesión por la reclusión cultural y el frágil mundo de las apariencias. Mientras su padre tiraba la casa por la ventana para lucir su SEAT seiscientos, el que nunca sería John Wayne acudía al colegio con unas harapientas zapatillas y unos pantalones zurcidos con los restos de una cortina vieja, lo que provocaba, no hace falta decirlo, la burla y mofa de sus compañeros de clase y alguna que otra pregunta insidiosa de la profesora de turno. De ahí al diván, sólo era cuestión de tiempo.
Nada bueno podía esperarse, o como dicen por ahí, “el que mal empieza mal acaba”. Así que se convirtió en “escritor” a los 17 años, única actividad terapéutica en la sólo tenía que gastar en papel y boli. Armado primero de una libreta y más tarde de una máquina de escribir Underwood, llegó al ordenador hecho unos zorros, consciente de que esta balsa (la escritura) era tan precaria como la que utilizaron el profesor Otto Lidenbrock y sus compañeros en su fantástico “Viaje al centro de la Tierra”. Así pues, se dijo, este recorrido es algo más que la metáfora de la huida hacia delante o, lo que no es lo mismo pero tampoco tan distinto, al útero de sus ancestros más remotos. Era, también, y sobre todo, una forma de esconderse lo más lejos posible del mundanal ruido.
En este breve tránsito perdió más oportunidades y amigos que Rasputín. Agotadas ya las coartadas para tanto fracaso, procura engañar, sin mucho éxito, todo hay que decirlo, a los más ingenuos plagiando al poeta Fernando Pessoa, otro que tal, soltándoles su rollo habitual: “Hay metáforas que son más reales que la gente que anda por la calle. Hay imágenes en los escondrijos de los libros que viven más nítidamente que muchos hombres y mujeres. Hay frases literarias que tienen una individualidad absolutamente humana."
Licenciado en Hispánicas, funcionario por aquello de los garbanzos, partícipe de las siguientes “pandillas” literarias: “Grupo de Poesía 72”, junto, entre otros, a Pere Marcilla y Joan Estruch. “Muerte de Narciso”, junto a Pere Marcilla y Genis Cano (ya fallecidos), Eduardo Cortavitarte, Paco Gallardo y Xavier Sabater. “Fulano de Tal”, junto a Melvidius, Gato, Pino, Susa y Lluis. A este último, le perdió el rastro después de que intentara incendiar la finca de sus suegros siendo detenido por las fuerzas y cuerpos del Estado. Y, finalmente, “Carn d’Olla”, junto a Bardinovi y Manel Muntada.
A pesar de los pesares y como, además de lo dicho, es un capullo infatigable y nada consecuente consigo mismo, consiguió, a base de trucos y mentiras, publicar dos libros que casi nadie ha leído: “Casi el olvido” (relatos, 1991) y “Yo soy la morsa” (novela, 1997). Y amenaza con un tercero, otra vez de relatos, y que esta vez sí que puede ser letal. titulado “Nada personal”.
Morsa dice…, Club Cronopios, Arturo Montfort
http://www.morsadice.com/index.php?option=com_content&view=section&layout=blog&id=12&Itemid=64

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