15.2.09

Me quedo con Thompson

Maté a Amy Stanton el sábado 5 de abril de 1952, poco antes de las nueve de la noche.”
Así empieza al capítulo 18 de “El asesino dentro de mí”, de Jim Thompson. Del gran Jim Thompson. Cuando lo leí, en el metro, no tuve mayores problemas para comprobar lo rebuscado de tanta diatriba con los números redondos, en este caso sobre la primera frase de las llamadas obras maestras. Sí, es cierto que “Rayuela” empieza con “Encontraría a la Maga…” Una frase afortunada, todo hay que decirlo. Mientras una voz en off anuncia la inminente llegada a la estación de Maragall, se me ocurre que, para satisfacer a tanto incorregible coleccionista (hace poco Vila-Matas hablaba de ello en su “Diario voluble”, y es que nadie es perfecto) podría colocar la frase de Thompson en el comienzo de la novela, pero, como todos sabemos, hasta ahí no alcanzan mis escasas influencias. A la vejez, viruelas, y menos llamadas pidiendo favores… Pero esto es otra historia.
A vueltas otra vez con lo nuestro, es decir, con la lluvia y el viento, cuando me paseo por la "Gran" Barcelona, los turistas parecen perplejos, algo así como seres de otro planeta pillados a contrapié, desabrigados en plena ventisca en pleno Paseo de Gracia. En mi mente suena entonces una de esas melodías de Col Porter, de cuyo título mi nefasta memoria nunca sabe retener. Ya nadie llama sequía al mal tiempo y es que el tiempo corre que es una barbaridad y Jim se sienta en su viejo escritorio para dibujar la estela de su personaje, el sheriff adjunto que es, en realidad, un asesino, una especie de predecesor de Dexter, porque Jim Thompson, a diferencia de tantos “grandes” de la Serie Noir, como la llamaron los franceses, cuando todavía creían que los títulos imperecederos sonaban mejor en su idioma, siempre ha sido diferente.
Me quedo con Thompson. Después de hacernos bajar, sin escaleras, ni ascensor a los infiernos con su insuperable “1280 almas” (“Pop 1280” 1964), que los galos denominaron, aún no se sabe por qué, “1270 âmes”, se caracteriza, sobre todo, en endosarle el protagonismo al malvado y no a un detective privado. Y va más allá, ya que el malvado es, la mayoría de las veces, un representante de la ley.
Todo eso pasa, claro, después de devorar la novela de Thompson “El asesino dentro de mí” (“The killer incide me”, 1952)… Y, claro, me faltó tiempo para dejarme caer por “La casa del Libro”, otra mañana turbia de esas que te resbalan por los dedos, tanto rostro extraño con los ojos empañados de vulgaridad (exactamente como los figurantes de las novelas de Jim), en busca de otro ejemplar del autor. Sin embargo, y pese a que justo había finalizado “la semana negra en Barcelona” no había apenas existencias del autor, salvo la mencionada “1280 almas”. Y en el FNAC del Triangle, tampoco. Y ya con cierta ansiedad busco un digno sustituto.
Dexter, por ejemplo. El dependiente me pregunta si no me importa que sea de bolsillo.
- Al contrario – le respondo.
Me dan urticaria los mazacotes que inundan los anaqueles y mesas de “Novedades”. Tapa dura, ideal para romperse las muñecas bajo esos pesos pesados mientras uno lee tranquilamente en la cama, pero eso no se lo digo al dependiente, así que me voy, un tanto consolado después de tanta búsqueda inútil, con mi ejemplar de “Dexter. El oscuro pasajero” (“Darkly Dreaming Dexter”, 2004) de Jeff Lindsay. De regreso, otra vez en el metro, leo en la contraportada; “Dexter Morgan no es precisamente la clase de hombre que presentarías a mamá. Su tendencia al asesinato puede resultar algo desconcertante. Pero en el fondo de su corazón Dexter es el perfecto caballero…”
Texto: cronopio

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2 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

¿Y Jim Thompson qué dice del "Morsa dice"?
¿Mucho retraso / follón en la web?
Poapaul

8:49 p. m.  
Blogger Cronopio ha dicho...

Que va. Morsa dice... (web) ha salido puntualmente al ciberespacio el 15 de febrero.
La entrada de "google" ya aclarara que todavía se halla "en construcción". Sin embargo yo diría que su aparición en escena ha sido más que digna.
Jim Yhompson, además, está demasiado ocupado en que sus protagonistas perpetren sus malévolos asesinatos como para decir algo más que R.I.P.
Un abrazo

9:16 a. m.  

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