21.10.06

La guitarra eléctrica


Como con Ingmar Bergman y tantos otros no me perdí una película de Luis Buñuel. Era aquella una especie de disciplina inglesa, una militancia a la búsqueda y captura del conocimiento y la emoción que nos era negada por la autoridad competente, militar por supuesto. Renegar es de tontos, y de bien nacido es ser agradecido, como todo el mundo sabe, así que ahí quedan esos maravillosos momentos con cualquier peli de Bergman (actual como pocos) y con un desigual Buñuel, del que recuerdo con especial cariño “El ángel exterminador”. Y “Veridiana”, cuyo primer visionado lo fue con una copia horrenda en un piso clandestino del ensanche barcelonés. ¡Qué tiempos!
Aún así, reconozco que nunca llegué a simpatizar con Buñuel. Alguna razón habrá, me decía yo.
Efectivamente, más tarde lo averigüé. Fue Luis Buñuel quien afirmó que uno de los mayores desastres de la humanidad había sido la guitarra eléctrica. Lo que son las cosas: el primer ruido que me salvó de mi atonía adolescente fue, precisamente, el de la guitarra eléctrica. Especialmente las de los hermanos Davis (Raymond y Dave, componentes de The Kinks). Nuestro querido profesor de ciencias era anarquista y melómano, además de un gran tipo. De él aprendimos un montón de cosas, de esas que no se pagan ni con dinero. Sin embargo, devoto de la música sinfónica, del jazz y de los Beatles, no soportaba el “ruido” de los Kinks, y eso nos divertía enormemente a José Luis y a mí. Cosas del bienaventurado señor Freud, supongo.
Y es lo que yo digo, siempre debe uno fiarse de la primera impresión. Buñuel nunca acabó de caerme simpático y, sin embargo, la quincallería de los Kinks hizo milagros. Por de pronto, ponía de los nervios a mis progenitores y a mi mentor. Hay otras formas de hacerse mayor, y ésta es una de ellas. Porque la emoción y la devoción es un sentimiento que no admite enmiendas. Siempre lo he dicho y lo sostengo: cambiaría todo el mundo mundial por ser guitarrista de rock y ensordecer al mundo con mi manoseada fender y mis inigualables riffs, más majestuosos, por cierto, que cualquier ostinato de Johann Sebastián Bach. Dicho sea con todos los respetos.

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5 comentarios:

Anonymous R ha dicho...

Mi hermano es mecánico y toca la guitarra eléctrica (bajo). Lo aprendió sólo y ha tocado en muchos grupos durante veinte años. Yo también prefiero el Rock que a Bach.


"Cambiaría todo el mundo por ser guitarrista de Rock", dices. Siempre estás a tiempo. Puedes ir a clase y aprender a tocar. No tiene nada que ver con la edad. Querer es poder...

8:51 p. m.  
Anonymous Popaul ha dicho...

Otra razón para desconfiar de Buñuel también se podía encontrar en aquel curioso, revelador, libro de memorias de su mujer, Jeanne Rucar.
Y, sin embargo, sus películas...

11:41 p. m.  
Blogger Cronopio ha dicho...

Querid@ r:
Mi hermano también toca la guitarra en un grupo de rock, hace alguna maqueta, etc. Aunque no escribe una línea ni que lo maten.
A mí me pasa otro tanto pero al revés, es decir, nos hemos repartido el lado oscuro y cutre de nuestra herencia genética, compartida con nuestra inexcusable y total inutilidad para según que actividades.
Por supuesto, de jovencito me compré un manual de guitarra, una guitarra propiamente dicha y le robé el caballete de pintura a mi hermana. Resultado: un horror.
Ahora, esa mezcla explosiva de narcisismo y sentido del rídículo que me caracteriza me impide hacer ningún movimiento al respecto. No sea que me disparen, que todo podría ser.

7:52 p. m.  
Blogger Cronopio ha dicho...

Bueno, no he leído ese libro y me resistí totalmente a leer sus Memorias, pero, desde luego, era el "bruto" del grupo (Dalí, Lorca...). Y, sin embargo, sus películas... pues son indefectiblemente suyas. Y algunas, magistrales. Y, en general, prefiero de largo su "lectura" del surrealismo que la del papanatas de Dalí.

8:00 p. m.  
Anonymous Popaul ha dicho...

No es nada despreciable, "Mi último suspiro". Aunque es cierto que da toda la impresión de obra standard a evitar, tiene cosas muy personales.
Quizás porque no es tan malo Jean Claude Carrière, y se lo conocía muy bien. No por casualidad le había estado oyendo durante años.
Saludos

10:01 p. m.  

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