16.10.06

El Seat 600: la gran esperanza blanca


En el cine Venus se lo montaban guapo con aquello de Los Jueves Fémina. Los jueves la entrada era más barata para las señoras, y probablemente también para nosotros, sus retoños.
Abandonadas a su suerte por sus maridos a lo largo y ancho del día, padeciendo todavía las consecuencias de una guerra de la que nadie hablaba, las amas de casa del barrio de la Sagrada Familia, difícilmente se perdían Los Jueves Fémina. Eran tiempos de silencio y Planes de Desarrollo, y el boum del turismo estaba aún por llegar. El hombre de la casa, el titular del libro de familia, debía procurarse, antes que nada, un salario fijo y, luego, una serie de chapuzas que completaran su raquítica remuneración. Y todo con la esperanza de salir, de una vez por todas, de la miseria del retrete, la cocina de carbón, la nevera de hielo, el pesado recorrido (cargadas ellas con el cesto de la ropa sucia) hasta la lavandería común. Y las literas de los niños. Y todo para alcanzar, tras ímprobos esfuerzos, la gloria del piso con baño, la nevera eléctrica Westinghouse y, por fin, para el señor de la casa, el currante, el pater familias, el “sisenstot ” a la puerta de casa.
Intraducible al castellano, este diminutivo, a la vez guasón y cariñoso del Seat 600, la gran esperanza blanca de nuestros padres. De tal guisa, madres e hijos nos organizábamos para la sesión continua de los jueves. En la cesta, la gaseosa, los bocadillos y las bolsas de pipas. Echaban dos películas, dos, con su intermedio y el NO-DO, el noticiario franquista “al alcance de todos los españoles”. Entrábamos con los albores de la tarde y salíamos bien entrada la noche. Porque, sencillamente, no bastaban dos horas para olvidar ese otoño gris que nuestras madres llevaban pegado en sus raídos abrigos y en las suelas de sus zapatos, pero, sobre todo en su mirada. Unas miradas de luchadoras que no se rendían ante nada ni ante nadie. Lo resistían todo, la metralla de los críos y la obsesión del marido sacándole una y otra vez el brillo al sisentot todos los domingos por la mañana.

Etiquetas:

3 comentarios:

Blogger Enriqueta ha dicho...

¿A qué clase de chapuzas se refiere don Arturo?
¿Qué era lo que engrosaba ligeramente el salario base de un ciudadano de a pie?
¿Tendrá alguna relación Belle de Jour en todo esto?
Gracias.
He aquí la mujer del peluquero.

10:15 p. m.  
Blogger Cronopio ha dicho...

Pues... vender chupa chups en el campo del Barça, aunque pagaban una miseria (Yo lo hice y no saqué ni para pipas). Pero, hablando en serio, podías coser sillines de bicis a destajo, "plastificar" manualmente los DNI (entonces no venían plastificados), por supuesto, arreglos de lampistería y fontanería, etc. etc.
Lo de Belle de Jour te lo digo más tarde que me tengo que ir pero ya
Saludos

2:08 p. m.  
Blogger Cronopio ha dicho...

En principio, no creo que aquellas madres de la postguerra, las pobres quiero decir,que son a las que yo me refería en el escrito, se dedicaran a la prostitución. Ni por lo de "una ayudita para casa", ni por lo del morbo o la insatisfacción sexual femenina, típica de la época y de aquellos machitos... Por lo demás, no veo mayor relación con Belle de Jour. Claro que si usted es, como dice, la mujer del peluquero, oiga, yo se lo permito todo, desde que me cite todas las películas de don Luis (de quien reconozco no soy devoto)hasta que me invite a una danza de los darviches en el "malecón" de Palma... Esa isla en la que permanecí durante 15 meses.

12:11 p. m.  

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

Enlaces a esta entrada:

Crear un enlace

<< Página principal