19.3.08

Daniel Cantero: R. L. K. Vasaris (LAIMA)

Cuando el sol ilumine
Estas voces oscuras
-el astrolabio solar
en la cubierta del Génesis-
Y esplenda
El alfabeto del sol
A bandazos en la iguana de la pirámide
En el palo seco de Egipto
Cuando el sol ilumine
Y el arcón se desvanezca
En tu opio dorado
Mujer de Providence
Porque no hay alianza
Capaz de contenerte
Cuando voy de rama en rama
Por tu espesura
Oh no mujer lituana
Si soy un obrero del sol
Si apenas no lluevo de colores
Nada más desato el viento de la veleta
El noble el divertido viento fisgón

Cuando el sol ilumine
Y haya luz en la comarca
¿Imaginas el arca para salvarnos?
¿Su raigambre su locura?
Fotografía de Marcelo Aurelio: Danza
NOCTURAMA FOTOBLOG
24 de Enero de 2006
http://www.arte-redes.com/nocturama/?p=566

Etiquetas: , ,

Arcadio Urpí: Portugal


"Faço paisagens com o que sinto"
(Hago paisajes con lo que siento)
Fernando Pessoa: Livro do desassossego

Etiquetas: , ,

15.3.08

FuLano de Tal: Mensaje en una botella


Todo acto es un disparo de revólver cerebral.
El gesto insignificante o el movimiento decisivo son ataques
(abro el abanico de nocauts para la destilación
del aire que nos separa) y con las palabras
depositadas en el papel entro,
solemnemente, hacia mí mismo.
TristanTzara
Es cierto. “¿Cuándo zarpamos hacia la dicha?, dijo Baudelaire, invitándonos a la aventura, a su devenir azaroso pero también - y sobre todo - a la magia y esperanza del encuentro… Del descubrimiento. ¿Cuándo zarpamos en busca de lo nuevo? propuso entonces Gato, midiendo cada palabra como el náufrago mide la distancia desde su islote hasta el horizonte.
¿Por qué no zarpamos? dijo, si al fin y al cabo ya somos náufragos. Poco o nada vamos a perder si zozobra el navío. ¿Acaso no hemos sobrevivido a mil batallas?. Y ya puestos, por qué esperar a que la fortuna decida, si podemos hacerlo nosotros, si ahora tenemos tiempo, todo el tiempo del mundo, para lanzar nuestro mensaje en la botella a las mansas aguas de los días. ¿Por qué esperar? insistió Gato, mientras fumaba y sorbía su Coca-Cola bien fresquita. Hagamos caso a Virginia Woolf: “Siempre hay que hacer algo a continuación. El martes sigue al lunes. El miércoles al martes. Cada día emite las mismas ondas. El ser engorda en círculo, como los troncos de los árboles. Como en los árboles, caen las hojas.”

Es cierto, somos capaces de navegar.

"Por lo que fue interesante y digno
de vivirse el primer tiempo de los tiempos
es porque fue nuevo. Si hubiera sido antiguo
no hubiera podido comenzar la vida,
no hubiera tenido la curiosidad de su primer arranque.
Lo nuevo, en su pureza inicial,
en su sorpresa de rasgadura del cielo
y del tiempo es para mí esencia de vida."
Gómez de la Serna


Mensaje en una botella
Ármese de valor y busque en las tiendas de baratillo, de regalos o en donde le dicte su buen sentido, una botella, de dimensiones más bien reducidas. Lo suficiente pequeña para que pueda pasar desapercibida por los cazadores de tesoros y los pescadores de truchas pero no tanto como para que no quepa en su interior un papelito. Un papelito con un mensaje escrito para que navegue en las mansas (o turbulentas) aguas de los días, precisamente en ese devenir del tiempo en el que usted a menudo siente la poderosa sensación del naufragio.
Reflexione unos instantes (o un buen rato, ¡tómese su tiempo!) sobre aquella frase, leída, escuchada o inventada que alguna vez le llegó, como un dardo, al centro mismo de su corazón. Por ejemplo Gato elegiría ésta (de su querido y admirado Oscar Wilde): "El supremo vicio es la limitación del espíritu."
Escriba la frase en un papel. Esmérese en escribir con letra pequeña, lo suficiente para que el papel también lo sea y, en definitiva, quepa dentro de la botella.
De las botellas, queremos decir, porque usted habrá tenido buen cuidado en comprar tantas botellas como personas que merezcan su confianza y apego y que serán las destinatarias y cómplices de su ofrenda. Y cuando, entrada la noche, se reúnan, entrégueles el Mensaje en una botella.
Piense que acciones como ésta harán que la suerte esté de su lado. Que, en definitiva, cualquiera de sus “cómplices” puede leer el mensaje en el momento más oportuno y necesario y acudir, sin pensárselo dos veces, en su ayuda. Al fin y al cabo, ¿qué es la distancia, si usted sabe tan bien como nosotros que las distancias más difíciles de salvar son las interiores?
Y cuando eso ocurra comprobará con satisfacción que nunca estamos tan solos como a veces pensamos.
Es cierto. Compruébelo.

Nunca se puede decir todo,
de cuerdo, pero yo quería decir lo máximo.
Michel Leiris

Ilustración:
Terry Chan: soft-drink
http://www.shutterstock.es/pic-6829939-soft-drink.html

Etiquetas:

13.3.08

FuLano de Tal: Orquesta de sombras


La mano aprende por su cuenta si se la deja,
y entonces en una de esas agarra el aparato
y cuando te das cuenta tenés
a las señoritas de Avignon en mucho mejor,
hay que darle su chance al azar
y a la paciencia, no te parece.
Julio Cortazar

Es cierto, la mano aprende por su cuenta y cuando menos te lo esperas te encuentras en un altillo lleno de humo y palabras revoloteando por su cuenta y cuando nos damos cuenta ahí estamos todos, ciegos de risa, luchando por atraparlas, así, en plena libertad. Y el humo de todos y, particularmente, el whisky de Pino, no son meros aditamentos, porque como ya nos dijo Gómez de la Serna (en una de sus imaginarias visitas, a modo de fantasma-cronopio): “Fumad mientras miráis al público por encima de las gafas de la música”.
Es cierto, en esto consiste el juego, cuando cada casilla del tablero es una palabra y cada palabra rellena un vacío, y en la exclusiva relación entre cada una de ellas con la siguiente, y viceversa, nace un nuevo mundo creado a partir de un azar tan necesario como el aire que respiramos. Poesía, al fin y al cabo.
Es cierto, somos capaces de imaginar.

El puente no suprime la distancia:
es una mediación; tampoco anula diferencias:
establece una relación de términos distintos."
Octavio Paz.

Orquesta de Sombras
Elija usted un momento propicio, en el que, a ser posible el mundo visible se haya desvanecido en grado suficiente como para que pueda vislumbrar, al menos, el mundo aparentemente ajeno que acecha desde las sombras.
Procúrese una superficie plana, por ejemplo, una mesa. Y unas tijeras, un tubo de pegamento, un sobre, un par de folios y algún periódico, del día o atrasado, da lo mismo. Hágalo con atención y sin prisas. Recuerde: el tiempo es tan flexible como usted lo desee.
Acto seguido, recorte aquellas palabras que más le llamen la atención, sea por su tipografía, su textura, su posición en la página, su tamaño, su significado, su significante, etcétera. No intente predecir el futuro. Manténgase lo más distante posible. No le preocupe encandilarse en ese preciso momento por Big Hill Broonzy cantando Get Back. Al contrario, déle las gracias al de los discos por la elección.
Una vez tenga un número suficiente de palabras, aparte los utensilios, periódico, pegamento, folios y, tijeras y contemple un buen rato el grupo de palabras que tiene sobre la mesa. No lo dude, va bien encaminado.
En tan buena disposición, percibirá sin duda que las palabras elegidas y luego recortadas empiezan a moverse. No, no son imaginaciones suyas. O puede que sí. Todo es posible. Pero llegados aquí, eso ya da igual, porque… ¿A que sí? ¿A que empiezan a moverse, a buscarse unas a otras, como en un romance de callejuelas oscuras y besos furtivos?
No sea rácano, pues. Écheles una mano, y nunca mejor dicho: junte ésta con aquella y la una con la otra.
Comprobará entonces que nunca es demasiado tarde para ser feliz, que las palabras van formando una frase, dos, tres… Y que, sorprendentemente, desde lo particular a lo general, el “texto” que usted ha “encontrado” tiene sentido, mucho más, ¿no es cierto?, que toda la palabrería inútil que ha estado soportando durante la larga jornada. Y mucho más que eso, quizá hasta pueda escuchar el cruce mágico de Big Hill Broonzy con esa musiquilla que desprenden las palabras que usted ha elegido y que, de tanto moverse, ya parece que empiecen a bailar y a tocar sus instrumentos, aquel verbo va de trombón de varas, y ese adverbio tan oportuno suena a una trompeta, y comprobará también que ese pobre adjetivo al que, confesémoslo, le ha costado un poco encontrarle pareja, ya esta rasgando la guitarra de un sustantivo, y así, sin más, se encontrará con el desenlace final, con una auténtica Orquesta de sombras.
Y como colofón, pegue cuidadosamente las palabras en un folio en blanco, en el orden y secuencia que ellas mismas – con su valiosa ayuda, quede claro – han elegido. Y una vez finalizada la operación, introduzca la Orquesta entera en el sobre y remítala a un amigo o amiga. Seguro que se lo merece.

A la luz del sol, continúa siendo normal el mundo visible.
El ajeno nos acecha desde la sombra."
Pessoa

Es cierto. No lo dude.

Etiquetas: ,