12.4.08

Daniel Cantero: El túmulo de Susana Llanes


Podría convenir deciros algo acerca de Susana LLanes. Pueblo o ciudad pequeña, infierno grande. Casi todos nos conocemos más o menos. O nos presentimos.Susana era uno de esos tres o cuatro iconos sexuales que siempre los hay. Una persona bastante desagradable en el trato, brusca, no bonita aunque sexy y voluptuosa. Extremadamente voluptuosa. Ella leía a Sartre, a de Beauvoir, a Camus y en eso estaba. Incluso, en su casa, organizaba lecturas comentadas de "La náusea", de "Los mandarines", etc. Cierta vez, en Isla Mala (pueblecito uruguayo), fuimos con la coral del Liceo, cantamos, luego un baile. La invité a bailar. A la segunda o tercera pieza de baile me dice y me dejó paralizado: "eso que estás por decirme no me lo digas". Bien. Nunca acabaré de entender ese sexto sentido de las mujeres. ¿Cómo es que se dan cuenta?

En las agarraderas del arroz del papel donde te desvaneces
Las aguas desarrollan sus lagartos de piedra
En el fondo ambarino ella es toda la tristeza y sus púlpitos
Aquella mañana esposada con el equilibrio del aire que nació
Llevaba una cesta para mi abuelita
Dormida en la obsidiana de los lobos
Y encontré el túmulo de Susana Llanes
Suspenso en las sombras elásticas
Bajo las cuales Susana sueña contrariedades
He vuelto a ver la mano
La misma que espanta al borrapaisajes
En un envión de huesecitos viene hacia mí
Cae en mis labios
Tacta la luna rota
La luna de los gemelos
Y el ojo milimétrico
Y el ojazo planetario cautivo miran la criatura
Que se desteta de la mano
Es el maldito sol grita la lisboeta de las plazas
El quemador celeste en su calesa
Y el mar que huelo La maldita pecera negra dice la ciega de Belvedere
Dos pares de ojos en dos pares de órbitas cientos de pares de ojos en cientos de pares de órbitas que salen y arrastran luz y entran y tumban luz en las troneras
Es el viento loco del páramo gime la paramera niña quien habita el recodo del canal de la mano de la miel de las hadas
Es la lluvia de las cigüeñas musita el campanero
La lluvia de la sequía hirió el seno de la lluvia de las inundaciones y usa un vestido de trillones de gotas abatidas
burbujeadas
despampanadas
Y el fuego desbocado exclama el quitabosques
El fuego humeante hasta las mejillas de Liverpool
Es la tormenta brama el farero con la boca llena de gaviotas y alevines
La isla de las voces del pecho de la tormenta
Las voces de la isla de corazón tormentoso y tórax de hayas arrancadas de cuajo
La tempestad que riza la mesa de los judíos
El vendabal empecinado La irrespetuosa cola del látigo de 7 gatos
Es el cielo por los colores debilitado dice el piloto de Saint-Exupéry
El cielo económico de los pobres
Que aplasta pisatierras
Y es la tierra dice el hortelano
La ruidosa
La desagradecida
La polvorienta
La orgullosa tierra donde se combate
Eso dicen las voces arboladas en el lenguaje
El sentido de las palabras con cuchillos que
No cortan el pan de la lengua
Las palabras magmáticas con uñas de cristal
Que sostienen a los muertos
El día llega a su último coleóptero
Y en el túmulo de Susana hay otra piedra
Como si las piedras no fuesen otros tantos cuervos acantilando víctimas y verdugos
Las grúas de la tarde se llevan los amores de los niños
Texto: Daniel Cantero
Fotografia. NinaNik: XXX
New album. Bulgaria. 13.1.2007
les plus simples

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1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

A propósito de Isla Mala...
AVISOS PROHIBIDOS PARA HADAS
Los adormilados habitantes de Isla Mala no dejan ni un día de recordar ese día.
Es razonable ese empecinamiento de sus memorias: que el Hada Tutelar de Isla Mala -munida cuanto estuvo siempre de privilegios- hubiera sido víctima de una admonición tan… turbulenta, funesta, no es cosa que ocurriera por lo menos desde 1867, de acuerdo a las crónicas más amarillentas, cuando la entonces oficiante de tal huyó al Brasil con un payador, desliz que jamás le fue perdonado.
La verdad es que la opinión popular exoneró al contrario esta vez rápidamente a la deidad protectora por el reciente episodio, al de 2006 me refiero, y no se recuerda aquello con ánimo punitivo o desaprobatorio… pero se lo recuerda. Vaya si se lo recuerda…
Ciertamente, la circunstancia fue baladí. Al menos en la superficie. Nadie hasta ahora ha osado husmear el alma de las hadas, si la tienen; pareciera que en lo que a ellas respecta rige, análogamente, aquella vetusta veda literaria que reza algo tenebrosa: “No interrogues el alma del suicida”. La regla ha sido exorbitada por el temor o la pereza también al alma de las hadas por parte del populacho. Dios sabrá porqué.
En resumen, la voz comarcana refiere que el Hada puso, de buenas a primeras, en cierto sitios harto visibles, un cartel donde con cinismo que no es permitido -no lo es precisamente a las hadas- atacaba a zánganos y colmenas, elípticamente, claro: las hadas carecen de la facultad de herir por derecha. Aun más y peor: dio a la abeja reina un status rarísimo que, por lo menos siete de los diez catedráticos de la Universidad de la Rca. más adelantados en Entomología, se negaron a refrendar luego de los habituales besamanos académicos a los que el Ministerio y la Intendencia acudieron buscando consejo con desesperación un poco exagerada.
Trascendió luego por las calles de Isla Mala que, cuando promedió el día cuyo amanecer había visto el aviso que fue luego tachado de blasfemo, el Hada encontró una lacónica y breve misiva, obviamente anónima, sobre su pupitre, antes de salir al camino a jugar al escondite con los mortales colándose como pasajera gratuita y llena de glamour en camiones recolectores de residuos; halló una breve nota que decía: “Que la amargura de alguna de tus heridas no se cuele bajo la piel de tu dulzura, glisando hasta ser vertida en letras. No te equivoques: las abejas reina no han sido puestas sobre la Tierra para ejercer caprichos contra los hombres, los zánganos no merecen ser desdeñados por ser oscuros obreros del amor, y las colmenas, que a veces se pervierten, es cierto, fueron diseñadas para proveer la miel de la vida y no sólo el tedio de un recuento de celdillas. No juegues con tus dones. No azotes a los humanos con tus palabras, pues si tienes noticia por los Libros Sagrados de cuál ha sido el oscuro sitio al que fueron despeñados los ángeles alzados, temblarías al conocer cuál es el cruel destino de las hadas desaladas”.
Dicen que el Hada, la más orgullosa de Isla Mala desde 1721, según ha dejado prolijamente apuntado Waldemar Pintos Ferreira en su notable obra en ocho tomos titulada “Biografías de hadas ilustres de la Banda Oriental”, no pronunció comentario alguno sobre el asunto.
Muchos temen que desoiga la amenaza de ese futuro anatema. Otros creen que ha retraído convenientemente su rebeldía, y no reincidirá en esa clase de aspavientos. La duda es por lo general la sensación más extendida entre los pobladores de Isla Mala respecto de esta cuestión, o sea respecto del impacto de la advertencia en el ánimo del Hada: hay un delicado empate de dictámenes vecinales, que tiene alguna similitud inquietante con aquéllos que preceden a la definición de una Copa Mundial por penales... Por eso, hesitación esquemáticamente futbolística al fin, este estado de zozobrante equilibrio no ha dejado de promover imaginarias expediciones científicas (alocadas) allende el Río de los Pájaros, donde -aventuran sin fundamento científico alguno- mora alguien que la comprende, y puede descifrar muchos de los gestos del Hada.
Esta hipótesis, de todos modos, no tiene más respaldo que la credulidad del vulgo, y difícilmente alguien en su sano juicio acometa tal viaje, ya que la existencia de dicho personaje resulta poco menos que inconcebible y él sería incluso más exótico, libertino e iconoclasta que el Hada misma. Los beneficios de sus declaraciones, se dice, serían prontamente opacados por las desdichas que traerían los consejos de aquel hombre horroroso a la algo aburrida -pero todavía pacífica- Isla Mala. Allí, prefieren entregar sus destinos a la fe en la prudencia del Hada, y profesan un vago sentimiento de esperanza en lo que presumen es su trágica bondad, más allá de los alardes y de sus gestos destemplados, que jamás pudieron ser más temibles que los lunares que bailan, de tanto en tanto, alrededor de su sonrisa.

Drac

6:52 a. m.  

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